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El chantaje del SME PDF Imprimir E-Mail
escrito por Salvador Flores Llamas   
viernes, 23 de julio de 2010
“No hay borracho que coma lumbre ni tonto que se lo crea”, el dicho viene como anillo al dedo a la farsa del dizque ayuno de unos ex trabajadores electricistas, con que el delincuente Martín Esparza presiona al Gobierno Federal para que le restituya el negocio de su vida.
 
En primer lugar miente, porque no es ayuno, pues toman alimentos, ¿si no porqué no permite que médicos del Seguro Social –en apego a la recomendación de la Comisión Nacional de Derechos Humanos- los atiendan?

 Simplemente porque le descubrirían su trampa y se le caería el teatrito. Y porque están acostumbrados a mentirle al pueblo.
 
Que Cayetano Cabrera y Miguel Ángel Ibarra están a punto de morir tras casi 90 días de ayuno, nadie, en su son juicio, puede creerle esa patraña a Esparza, mientras médicos serios no la comprueben, y él es primero en rechazarlos.
 
Entristece que su mejor acto de aplicación de la ley, el gobierno del presidente Calderón no lo haya culminado como Dios manda.
 
Ya la Suprema Corte de Justicia reafirmó que el decreto de extinción de la Cía. Luz y Fuerza del Centro es constitucional, y así y todo Esparza quiere que se revierta para que no se le acabe el negociazo que le permite vivir como rey, tener ranchos, cuadras de caballos, cuentas bancarias gordas y ayudar a López Obrador a subvertir el orden.

Como si la ley debiera aplicarse al contentillo de los pillos, Martín pretende:
 
1) que la Comisión Federal de Electricidad contrate, como patrón sustituto a 44 mil trabajadores de la ex Cía. de Luz, de los que la mayoría ya aceptaron su liquidación, muy superior a la que cualquier otro patrón hubiera otorgado.
 
2) Que la Secretaría del Trabajo reconozca de nuevo  a Esparza como líder del SME.
 
3) Que se cancelen las demandas penales contra él y socios por violar la ley con actos criminales y al amparo del jefe de gobierno del DF, Marcelo Ebrard, convertido en su cómplice por orden de su patrón López Obrador.
 
Desde el inicio el gobierno no debió aceptar ningún diálogo con estos delincuentes, sino obligarlos a apegarse a la ley; apercibir a Ebrard de que se convirtió en su cómplice, y aprehender a los cabecillas por los delitos consumados.
 
“Los valientes duran mientras los cobardes quieren”, dice otro refrán, que enseña que una vez que se mete a la cárcel a los líderes, podrían sacar la cabeza otros, pero pronto  terminará la cadenita, porque la mayoría de la gente teme el castigo.

Es muy fácil ser valiente en bola, pero si te llega la lumbre al aparejo, de plano das marcha atrás.
 
De Zedillo para acá les han temblado las piernitas a los presidentes para aplicar la ley.
 
El CCH hizo lo que quiso con Zedillo: el Mosh y Cía. acudían dizque a negociar, y hacían puro tortuguismo, porque no deseaban entregar la UNAM, azuzados por Cuauhtémoc Cárdenas desde el gobierno del DF, como se documentó en su momento.

Zedillo quitó al rector Fernández de Castro, y de nada sirvió; dejó paralizar la UNAN por 10 meses hasta que envió a la Policía Federal Preventiva a sacar a los huelguistas y la entregó al rector Juan Ramón de la Fuente, que dio numerosas posiciones a miembros y fósiles del PRD para llevar la fiesta en paz.
 
Fox -movido por su secretario de Gobernación, Santiago Creel, que servía al Peje- dobló las manos en Atenco ante los macheteros que impidieron construir el nuevo Aeropuerto Internacional, que sigue siendo indispensable y habría detonado muchas  inversiones y miles de empleos; pero le sacó al parche.
 
Creel supo con anticipación –pues estaba en  Gobernación-  que Carlos Imaz, jefe del PRD en el DF, Antonio Santo, Imanol Ordorika y fósiles del CEU aleccionaban a los de Atenco por órdenes de Amlo, para que no permitieran la expropiación de sus terrenos, y les ofrecieron todo tipo de ayuda.

Cuando los atenquenses bloquearon carreteras, secuestraron funcionarios y golpearon y vejaron públicamente a policías, Creel evitó quo Fox ordenara desalojarlos por la fuerza, para no impedir la maniobra del Peje, a la sazón jefe de gobierno del DF.
 
Hubiera bastado con detener a las cabezas, pero tuvo miedo la autoridad.
 
Hace días vimos un fallo vergonzoso de la Suprema Corte, que se dejó intimidar y exculpó a los cabecillas de Atenco Ignacio del Valle, Javier Ramírez y César del Valle, que ahora apoyan el chantaje de Esparza y sus ayunantes.

Olvidaron los ministros que los macheteros de Atenco desfilaban, machete en ristre por las avenidas del DF, impunemente y protegidos por la policía capitalina.
 
La noche del 30 de noviembre al 1 de diciembre de 2006, a punto de tomar posesión el presidente Calderón, fuerzas federales libraron a la ciudad de Oaxaca de la subversión de más de 6 meses que lideraron Flavio Sosa y socios, y fueron encarcelados.

Previamente, el ingenuo secretario de Gobernación Salvador Abascal (cuando Creel se fue tras la candidatura presidencial del PAN) creyó que con atenciones y zalamerías iba a convencer y reducir a los rijosos. Se equivocó rotundamente.

Sosa y socios fueron varias veces a Bucareli  a entablar un diálogo de sordos con Abascal y, en resumen, a burlarse de él y de su autoridad en sus meros bigotes.
 
Ahora el nuevo inquilino del Palacio de Covián, Blake Mora se reunió 6 horas con Martín Esparza y compañeros a perder el tiempo, porque éstos lo único que aceptan es que se cumplan sus caprichos.
 
No se necesita ser político ducho ni experimentado para entenderlo y que esos agitadores tienen las galerías izquierdistas para aplaudirles, porque se están burlando del gobierno calderonista.

No queda sino aprehender a Esparza y a sus segundos, retirar la tienda que alberga a los ayunantes en el Zócalo y les montó el gobierno del DF,  internarlos en un hospital del IMSS y conminar a Ebrard a que deje de respaldar a criminales.
 
Que no venga Hortensia Aragón, secretaria general del PRD, a comparar esta huelga con la de los disidentes de Cuba, y a decir que allá Raúl Castro sí accedió a su demanda y aquí el presidente Calderón no lo hace. ¿Porqué no señala que a Esparza hay que imputarle también el delito de incitar a morir a sus compañeros?

La que no dice nada es Rosario Ibarra, quien se puso brava en el Senado para bloquear el punto de acuerdo que exhortaría al Gobierno de México a interceder ante el cubano para que oyera a Guillermo Fariñas y demás disidentes, ellos sí en auténtica –no teatral- huelga de hambre.
 
La señora Ibarra se burló entonces de los ayunantes cubanos, ¿por qué no hace lo mismo con los esparcistas?

Por desgracia, una vez más se deteriora la imagen pública del gobierno federal por falta de táctica de Comunicación Social para presentar este caso en su real dimensión a la opinión pública, en vez de que sus enemigos le coman el mandado, como siempre.
 
Ahora el gobierno tiene toda la razón, pero debe recordar que “la esposa del César no sólo ha de ser casta, sino parecerlo”-
 
 
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