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Se puede acusar a Manuel Espino de muchas cosas, dependiendo del acusador o el chismoso, pero lo que no se puede decir es que sea tonto; Manuel es un hombre inteligente, amén de político experimentado. Por esta razón es injustificable la actitud que ha tomado en contra del que dice considerar su partido.
Durante tres años, Manuel ha atacado sistemáticamente a Felipe Calderón, lo cual va en contra del interés nacional, independientemente de las quejas que él y otros más presentan, acusando al Presidente y su grupo cercano de haber machacado contra el mismo Manuel. Mucho se reclamó a Espino esa muy activa actitud en contra del Presidente, sea quien sea. En una ocasión dijo el Presidente Lula en Brasil, al ser atacado como alcohólico: “yo no soy Lula, soy una institución, soy el Presidente de la República”. Es cierto. Si las acusaciones y ataques de Espino contra Felipe Calderón hubieran llevado una dosis de solución a la problemática nacional, o a la política seguida en la administración federal, algo habría aportado al país, pero no fue así. En este escenario llegamos a la antesala de la jornada electoral en 14 entidades federales de México. Justo al cerrar campañas, y con un candidato a gobernador acribillado con su comitiva, Manuel Espino, en múltiple presencia mediática, sabotea a su Partido Acción Nacional. No veo forma de disculparlo o de encontrar algo positivo en sus dichos y publicaciones. Está saboteando al panismo, induciéndolo y hasta invitándolo a no votar el domingo 4 de julio o bien votar en blanco. Si esto no es sabotaje y traición, creo que deberíamos revisar el diccionario. Si a Manuel no le parece la imposición de candidaturas y las coaliciones pactadas, tampoco le gustan a muchos panistas, pero al manifestar su opinión, la mayoría inconforme no invita, no induce, como lo hizo Manuel en sus desplegados en la prensa, a no votar por los candidatos de las coaliciones pactadas por el PAN. Dice que los panistas no están obligados a votar por esos candidatos, ya que no fueron electos democráticamente, pero creo que intencionalmente no menciona que el derecho de nombrar candidatos es, estatutariamente, una facultad del CEN del partido, aunque ello pueda ser muy impopular entre la militancia. La razón para hacer alianzas con partidos adversarios es del dominio público. Se trata de reunir la mayor cantidad posible de votos frente al PRI, especialmente tras los resultados adversos de las elecciones de 2009. Se buscan votos en elecciones locales, con vista a tener más votos en las federales de 2012, ya que el PRI parece llevar la delantera, y regresar a Los Pinos ese año. Pero Manuel hace a un lado esta estrategia, tan buena o mala como pueda ser juzgada. Dice que se están buscando votos por una ambición desmedida de poder (de Felipe Calderón y del calderonista, se entiende). Tuerce la verdad para justificar sus ataques a la cúpula de Acción Nacional. Esto es también sabotaje. Sin embargo, contradiciéndose, escribe (ante esa mencionada ambición desmedida de poder) lo siguiente: “Así se refleja el miedo de estas cúpulas [partidarias] a que el PRI se reinstale en la presidencia de la república en 2012”. Sobre las coaliciones, dijo Espino que "fue un error transitar en el método de las coaliciones solamente interesadas en un espacio de poder y no sustentadas en un proyecto social, ciudadano". Habría que demostrar, en cada Estado con elecciones, que no hay proyecto o programa de gobierno. Puede ser que a muchos, él incluido, no les parezca lo presentado, pero las campañas no se han hecho sólo en base a la personalidad del candidato, sino a una oferta política. Escribió estos días Manuel Espino: “Pero las alianzas que no necesita México son justamente las que estamos viendo: luchas descarnadas sin sustento ideológico ni más objetivo que ganar votos, plenamente carentes de propósitos cívicos postelectorales”. ¿Quién le dijo que se carece de propósitos cívicos postelectorales? El PAN quiere ganar, y tomar la parte del poder que le corresponda de los gobiernos ganados y desde allí realizar “propósitos cívicos”. Hace así Espino una predicción sobre la conducta electoral panista: se ha "provocado que muchos miles de panistas o no vayan a ir a votar o vayan a anular su voto". Viniendo de un adversario político del PAN podría parecer simple predicción, pero por la forma y el fondo en que Manuel Espino lo ha presentado, se convierte en una clara inducción a la militancia. Pero es una real invitación. Para que no quede duda, basta leer uno de sus desplegados de prensa, como en Durango o en Oaxaca. La invitación a no votar por los candidatos de la coalición del partido es directa, no hay malentendidos o interpretaciones malignas. En su mensaje “A los panistas de Oaxaca”, publica Manuel Espino: “[…] no existe obligación moral ni institucional para votar por una candidatura que no es alternativa democrática auténtica ni representa el pensamiento y el programa del PAN”. Agrega su desplegado: “Esta vez cada panista debe decidir en conciencia si vota o no por el candidato que postula el PAN y dar así dimensión ética a su libertad y responsabilidad de ciudadano. El voto debe ser la expresión de una profunda convicción de que se respalda a la mejor opción para Oaxaca, la que mejor represente las posibilidades de un gobierno humanista, honesto y cercano a nuestros postulados”. Parece justo, pero volvamos al principio de todo esto: ¿será la opción del viejo régimen de la “dictadura perfecta” (Vargas Llosa dixit, 1990), mejor opción que la del PAN y partidos coaligados, para que los panistas consideren votar por el PRI? Que lástima, pero este expresidente que no ha mucho dijo que si es expulsado sería el primer expresidente que lo fuera, está construyendo el camino a una justa expulsión (espero que no se llegue a eso). Sabotea al PAN, lo ha traicionado.
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