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Reconstruir las ciudades e infraestructura haitiana es la cara visible del problema, pero hay algo más que hacer. Este país, el más pobre de América, tiene nuevos retos tras el terremoto: luchar por su soberanía y contra la discriminación e injuria.
¿A qué discriminación hago referencia? A las tachas que con gran desprecio hacen algunas personas y medios sobre los haitianos y que ellos reclaman. Dicen que este terremoto es parte de una maldición que pesa sobre Haití, que su pueblo merecía un castigo divino por el Vudú y quien sabe cuántos más pecados colectivos. Se les ha tachado también de salvajes, por su vida precaria, y por ello “merecían” también sismos y huracanes (¿y qué tal Nueva Orleans, digamos?). Así, los haitianos luchan en lo posible por el honor de su pueblo, por su dignidad y contra la mala imagen que se les está creando, por su atraso económico, político y… religioso. Es muy fácil etiquetarlos así, con desprecio, en una grotesca forma de discriminación inmerecida. Pero veamos ¿es inmerecido ese desprecio de algunos hacia los haitianos? Sí, es inmerecido. Si ellos estuvieran sumidos en la miseria, la insalubridad, la magia vudú, el analfabetismo, la desorganización política y el endeudamiento externo oprimente, sólo por sus propias acciones y omisiones, quizás lo merecerían. Pero no, muchas causas del atraso haitiano son consecuencia de acciones vergonzantes de otras naciones, en particular de Estados Unidos y de Francia. Durante la mayor parte de la vida independiente de esta nación afro-americana, Haití ha sido explotada por ellos, Francia en el siglo XIX y varios en el XX. Francia nunca ha perdonado a Haití que se haya rebelado en 1804, y que sea así el único país del mundo que ha logrado independizarse de la esclavitud, ¡venciendo al “mejor ejército del mundo”, el de Napoleón! Ya en el siglo XX, en 1914, los Estados Unidos se apoderaron durante varios decenios de esta nación y la saquearon. En un clarísimo caso de imperialismo de todo tipo, los Estados Unidos convirtieron la economía haitiana en un mercado de exportación dominado, y en otro mercado de mano de obra barata para sus empresas. ¿Suena esto antiyanqui? No es así, es sólo historia comprobable. Tras 43 años de intervención americana, los haitianos sufrieron otros 29 las dictaduras de los Duvalier: Papá Doc y su heredero Baby Doc. Ellos robaron ignominiosamente al país, depositando enormes riquezas en… Francia. La histórica inestabilidad política haitiana tiene un componente grande de intervención extranjera en sus asuntos internos, aún ahora, incluso de la ONU. Haití es independiente sólo en papel, en la práctica controlado por ejércitos extranjeros, principalmente de Estados Unidos (tiene 11,000 efectivos) y Brasil. Dizque para mantener el orden interno, la ONU, “Habiendo determinado que la situación en Haití seguía constituyendo una amenaza a la paz y la seguridad en la región” organizó en 2004 la MINUSTAH, la “Misión de Naciones Unidas para la Estabilización en Haití”; una ocupación “legal” de más de 12,600 militares. No, los haitianos no son libres, y su subdesarrollo es en mucho producto del saqueo y control extranjeros, sin preocupación por su desarrollo. Pero de eso no se habla en los medios de comunicación pro-americanos. Así también ¿quién informa sobre la enorme ayuda médica cubana en Haití, presente desde hace varios años y reforzada tras el terremoto? ¡Eso sería “políticamente incorrecto”! Una organización nacional, la “Plataforma Haitiana de Defensa de un Desarrollo Alternativo”, la PAPDA, hace un llamado al mundo para salvar a Haití no solamente del terremoto, sino para permitir a este pueblo un renacer de todo género: económico, social, educativo, político y de salud. ¿Qué exigen en PADPA? Que la reconstrucción se haga por los haitianos y no contra ellos; sostener y acompañar los movimientos sociales haitianos que denuncian y combaten la ingerencia, la dominación, la explotación; reclaman la anulación incondicional e inmediata de la deuda externa, de toda. Reivindican también la plena soberanía de su país, en parte bajo control extranjero. Ahora los “países amigos” (sic) desean reconstruir Haití, pero los haitianos quieren controlarlo ellos. Dicen: “el estado haitiano tiene el liderazgo que el pueblo espera de él”. En marzo se reunirán para planearlo, pero su Primer Ministro ya declaró que el Estado Haitiano jugará un papel central de coordinación en el trabajo de reconstrucción y que no tiene intención de ceder una onza de su soberanía. Volviendo a la discriminación, se critica la práctica del Vudú, pero ¿qué ayuda amplia y sostenida ha recibido este pueblo para transformar su antiquísima cultura religiosa, originaria de África? Los Duvalier lo hicieron religión oficial. Varios millones fuera de Haití lo practican, y muchas otras religiones son también fanáticas, con su magia y su “poder”, no están solos. La Iglesia Católica ha hecho mucho, pero es insuficiente ¿por qué? Porque su “incultura” religiosa es parte de una incultura general, de un país sumido en insuficiencias de todo tipo. ¿Cómo culparles, abandonados por las sociedades “civilizadas”, también muy criticables, en donde abundan el ateismo, los ataques a las iglesias, la familia, el matrimonio y la vida humana? ¿No tienen también algunos fetichismos, satanismo y supersticiones (el fatídico 13, v.gr.)? Haití requiere ayuda material, pero también apoyo moral y manos amigas, no satanizaciones, ni denuestos o injurias ni control extranjero. Ante los embates de la naturaleza en años recientes (huracanes y terremoto), es de humanos comprometidos, por razones solidarias y religiosas, ayudarle a renacer, como dicen, en “un nuevo Haití”, con autonomía, dignidad nacional y respeto.
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